¡A jugar chicos! – 1ª parte

jueves, 28 de junio de 2012


Los que pertenecemos a la generación de los 40 – 50 e incluso 60, si que sabíamos lo que era jugar, no importaba la estación del año, es cierto que había juegos que se practicaban más en una temporada del año, y otros en otra, pero como tampoco éramos muy delicados respecto al clima, pues podríamos decir que el tiempo no era el mayor inconveniente.

Pintura de Puri Sánchez (1). 

Podríamos decir que no hacía falta ningún motivo especial para que en cualquier lugar y circunstancia nos pusiéramos a jugar, con que la situación lo permitiera, en cuanto se reunían un grupo, a alguno de ellos se le ocurría algo.

Todos sabemos que había muchos juegos, incluso se podría decir que se improvisaban algunos que no estaban catalogados como tal, pero que en la realidad se practicaban, en esta ocasión vamos a centrarnos en los juegos que eran practicados habitualmente por los chicos, salvo excepción , más adelante dedicaremos otro articulo a los juegos en los que predominaba el sexo femenino, o eran practicados por ambos.

Como sería muy larga la lista para hacer un resumen de todos, vamos a tratar de recordar algunos de los más conocidos, o los que más se practicaban.

La Pídola
Era un juego muy apreciado. En cuanto se juntaban unos cuantos chicos, salía a relucir el juego. Como era habitual en la mayoría de los juegos, había que sortear quién se quedaba de burro, la suerte se solía echar cogiendo una piedra pequeña, la poníamos en una de las manos, y ofreciéndole los puños cerrados a los otros jugadores para que escogieran, golpeando en uno de ellos, si daba en el que tenía la piedra, perdía, si había varios perdedores, estos volvían a repetir, hasta que quedara solo uno, y era el que tenía que hacer de burro.


El juego consistía en: el burro se doblaba por la cintura y se colocaba atravesado, los demás jugadores se ponían uno detrás de otro formando una fila, delante del burro se hacía una raya en el suelo, para delimitar el terreno desde donde saltar. El primer saltador corría hasta la raya desde donde saltaba por encima del burro, apoyándose en él con las dos manos sobre la espalda, y haciendo pasar las dos piernas por entre la cabeza y el culo, de esta forma pasaba al otro lado.

Así iban uno tras uno, saltando todos los jugadores, entonces el que hacía de burro, se retiraba un poco más de la raya, y volvían a saltar todos de nuevo, Una vez habían saltado todos, el burro se volvía a retirar otro poco, así hasta alcanzar una distancia considerable, que no se podía saltar de un solo brinco, entonces se utilizaba las “dos medias” y la “entera”, el saltador corría hasta la raya, la pisaba y decía “raya” se daba una zancada con un pie, una segunda con el otro pie que eran las “dos medias”, y luego con los pies juntos que era la “entera”, poner las manos en la espalda del burro y saltar al otro lado. Si alguno pisaba la raya al saltar, se decía que había marrado o hecho falta, y entonces tenía que ponerse de burro al principio de la raya; también marraba el que después de medir las “dos medias”,  la “entera”, y el salto final, no conseguía saltar el burro.

Existía una variante de la pídola más agresiva, y que pocos querían jugar, el mecanismo era el mismo, pero en vez de limitarse a saltar, el primer saltador escogía entre cuatro opciones, “lique”, “tabaca”, “culé” o “pinocho”.

El “lique” consistía en mantenerse en suspensión sobre el burro, y con la punta del tacón del zapato, darle en el culo al burro. El saltador decidía si el “lique” fuera aumentativo o diminutivo; si era aumentativo, dependiendo de cómo lo diera él, había que ir aumentándolo;  por el contrarío si era diminutivo, había que ir disminuyéndolo. Perdía y se tenía que poner de burro, el que no consiguiera aumentar o disminuir  el golpe con respecto al anterior jugador.

La “tabaca” era lo mismo, pero en vez de dar el golpe con el tacón, se efectuaba con la parte lateral del zapato.

El “culé” consistía en mantenerse en suspensión sobre el burro, y dejarte caer sobre sus espaldas, el golpe podía ser como en los anteriores, aumentativo o diminutivo.

El “pinocho” era el más agresivo, se solía aplicar cuando al que le tocaba de burro no te caía bien. Consistía en saltar sobre el burro, desde la posición que caías contabas tres, mientras te ibas dando la vuelta y poniéndote en posición, para darle una patada en el culo. Si elegía la modalidad de diminutivo, y el primer saltador  tocaba ligeramente al burro, difícilmente lo superaban, pero si elegía aumentativo, y el primer saltador propinaba una buena patada, huelga decir el resultado.

El Aro
Más que un juego, era un entretenimiento, se trataba de andar o correr por las calles rodando un aro. Lo hacíamos con una varilla de hierro que lo curvábamos formando un círculo, y luego lo soldábamos para que quedara unido, y una varilla larga que en un extremo hacía forma de arco o u, que se llamaba guía, con la cual hacíamos rodar el aro.


Cuando se juntaban varios chicos, se solían hacer apuestas, quien mantenía más tiempo el aro sin que se le cayera, o se trazaba un recorrido y a ver quien lo hacía en menos tiempo, o se echaban carreras; en fin, se trataba de pasar el rato en armonía. Era un artilugio muy apreciado, el que no lo tenía te pedía que si le dejabas dar una vuelta con él.

Las Chapas
Era un juego clásico de los chicos, lo mismo que ocurría con el guá. No había límite de jugadores. Había dos modalidades de juego que llamaban mas la atención, una, las carreras de chapas, otra, los partidos de fútbol.

Imagen de blog.educastur.es

En la modalidad de carreras, tan solo se necesitaba para participar tener una chapa. Había preferencia por las de los botellines de vermut Cinzano. El juego consistía en: hacer en el suelo con las dos palmas de las manos unidas y abiertas, una especie de pista, se hacían curvas, recurvas, glorietas, largas rectas, hacíamos montículos de arena para que hubieran subidas y bajadas, en fin, en cada juego se planificaba una pista, y la distancia del recorrido era distinta.

Se sorteaba como en casi todos los juegos el orden de salida. Una vez establecido el orden, se colocaba la chapa en la línea de salida, y dándole un empujón con el dedo índice o corazón, la desplazábamos tan lejos como pudiéramos. Para que valiera la tirada, la chapa no tenía que rebasar los laterales de la pista. Cada jugador realizaba una sola tirada, una vez hubieran tirado todos los jugadores, continuaba el jugador que hubiera colocado su chapa por delante de los demás. Cuando al realizar una tirada, la chapa se salía de la pista, se volvía a colocar en el mismo lugar, desde donde se hubiese efectuado la tirada. La carrera terminaba cuando uno de los jugadores llegaba al final de la pista señalizado con una raya en la que figuraba la palabra “meta”.

También se podía jugar dibujando la pista con una tiza, o trozo de yeso en la acera, esta práctica era más habitual en invierno, por la dificultad de hacer la pista en el suelo.

La otra modalidad a la que hacíamos referencia en el encabezamiento, es decir, los partidos de fútbol con chapas consistía en: dibujar en el suelo, o en este caso mejor en la acera, un campo de fútbol. En esta modalidad solo podían jugar dos jugadores cada vez, aunque cuando éramos varios, el que perdía se retiraba y jugaba otro contra el que había ganado. Cada jugador disponía de 11 chapas debidamente engalanadas con su equipo de fútbol favorito, para ello se recortaba normalmente de un cromo la foto de un jugador de fútbol, y se colocaba en la chapa por la parte en que iba el corcho, luego se le colocaba un cristal y se sellaba por los bordes con jabón, para que no se cayera el cristal.

Cada jugador colocaba las chapas en el campo que le tocaba jugar, como si fuera un partido de fútbol. Un garbanzo hacía las veces de balón, tirando cada jugador una vez, se trataba de ir haciendo avanzar el balón a la portería contraría e introducirlo adentro, lo que equivalía a un tanto. Por supuesto, igual que en el fútbol existían las faltas, las manos y las fuera de juegos; era falta cuando se golpeaba a una chapa contraría sin tocar previamente al balón, era mano si se subía el balón encima de una chapa contraría y fuera de juego si cuando chutabas a gol, tenias colocada una chapa entre la portería y una chapa contraría. La partida duraba dependiendo a los tantos a los que se jugara.        

Carrera Ciclista
Se vendían unas figuras, solían ser de plástico, que consistían en una bicicleta con su correspondiente ciclista montado sobre ella, y un soporte para que se sujetaran de pie.



El juego consistía en: se dibujaba en la arena o en la acera, una pista similar a la del juego de las chapas, con la única diferencia que se dividía en espacios cada 5 o 6 cm, separados por una raya en horizontal, de forma que quedaran unos rectángulos, así durante toda la pista. En el primer espacio o rectángulo, se marcaba la palabra “salida”, y en el ultimo la palabra “meta”, podían participar tantos jugadores como se quisiera.

Había dos modalidades de juego, la primera modalidad consistía en que cada jugador participaba con un solo ciclista, y en la otra modalidad con un equipo de siete ciclistas. Todos los participantes colocaban a sus ciclistas en línea, si era la primera modalidad, o en fila uno detrás de otro, si se jugaba en la segunda modalidad.

Se sorteaba como en la mayoría de los juegos el orden de salida. Se necesitaba un dado de los empleados en el juego del parchís. Cada jugador en su turno lanzaba el dado y dependiendo el numero que saliera, eran los espacios que avanzaba. Si se jugaba en la modalidad primera, solamente tenías un ciclista para mover, si por el contrario se jugaba en la modalidad segunda, podías mover a los ciclistas a tu gusto, con el fin de avanzar mucho con uno, o llevar a varios hacía adelante. Cuando en un mismo turno de tirada salía el número seis, se repetía la tirada, y tres seises seguidos, se decía que habías pinchado, y volvías con el ultimo ciclista que hubieras movido, a la posición en que estaba antes de tirar. Como en las carreras ciclistas, ganaba el jugador que llegara primero a la meta.  

El burro
Este era un juego prácticamente de chicos por su dureza. El juego consistía en: se hacían dos grupos de unos 5 ó 6 participantes cada grupo. Se sorteaba como es habitual en todos los juegos que grupo hacía de burro el primero, hecho esto, uno de los componentes de ese grupo (normalmente el mas débil) se apoyaba en un poste o en la pared de cara hacía los jugadores, este era llamado “el almohadón”, y los demás en línea uno detrás de otro, inclinados en forma de burro, y metiendo la cabeza entre las piernas del compañero que ocupa la posición de delante y las manos agarrando sus piernas.


Los componentes del otro grupo saltaban sobre las espaldas de los que hacían de burro. El de mas corpulencia solía saltar el primero, con el fin de llegar lo mas adelante posible, pues contra mas adelante cayera mas espacio dejaba a los demás. Una vez hubieran saltado todos, el que se erigía como voz del grupo, pronunciaba las palabras, “churro”, “media manga”, “manga entera”; a la vez que con la mano señalaba lo que quería decir. Si se juntaban las dos manos significaba “churro”, si se ponía la mano en el codo significaba “medía manga” y si se la ponía en el hombro significaba “manga entera”.

Uno de los del grupo que hacían de burro tenía que contestar, si la respuesta era positiva, cambiaba el burro, por el contrario si no acertaban seguían quedándose un turno mas, y se repetía el juego. Huelga decir que el que hacía de almohadón, no podía contestar a la pregunta formulada, siempre tenía que ser uno de los que componían el burro. También se perdía cuando el burro no aguantaba el peso y se derrumbaba.

Hemos llenado con estos 5 juegos el espacio de este artículo, continuaremos en una próxima entrega.
-.-.-

Autor : Pedro Gómez.
En este artículo han colaborado: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Notas:
1-Puri Sánchez posee una amplia obra pictórica, una de las colecciones de juguetes antiguos más importantes y ha publicado hasta el momento tres libros. Toda su obra, en conjunto, muestra temas sobre el mundo rural y sus vivencias, los oficios artesanos que poco a poco van desapareciendo y una gran recopilación de juegos infantiles tradicionales.

Grabados extraídos del libro: Repertorio Completo de los Juegos, de Antonio Duran, año 1896. BNE.

50 comentarios :

Miguel de Cáceres ,  28 de junio de 2012, 1:19  

El del burro era, como su nombre indica, un juego verdaderamente animal, bestial. Los niños y no tan niños, con la crueldad que caracteriza a la infancia, jugaban a ser lo que en aquellos años entendíamos por 'todo un hombrecito', un macho digno del régimen, saltando con toda la mala leche del mundo sobre el que hacía de burro y de paso atizando unas palmadas mortíferas en los lomos. Más de una lesión crónica de columna de quienes ya no cumplimos los cincuenta se debe a ese entretenimiento infernal. No todo era tan inocente ni tan romántico.

Blanca G. ,  28 de junio de 2012, 1:36  

Qye tiempos aquelos. Las chapas, Las limas ,el escondite,la botella y , en broma. el TETO.

Ricardo Márquez 28 de junio de 2012, 7:38  

Me permito contestarte Miguel, mientras que Pedro no entre. Si que era un juego muy bestia, de fuerza, pero era un juego colectivo en el que el equipo "que la pochaba" intentaba aguantar como fuera. Si alguien no quería jugar, con decir que no, era suficiente. Había otro juego más cruel, pienso que derivado de la pídola, que nosotros llamábamos el dolar y dependiendo de lo que mandara "la madre" se podía llegar a hacer mucho daño al que la pochaba. Pero después de todo éramos amigos y la sangre nunca llegaba al río.
Saludos.

Anónimo ,  28 de junio de 2012, 9:00  

Los niñ@s,siempre serán muy "burros"si están sanos.
Es una forma de demostrarse a sí mismos que son capaces de poder con todo,en el fondo una forma de fortalecerse para poder con la vida y sortear los peligros que esta nos depara.
A mí me da mucha pena ver a las madres de hoy en día,siempre protegiendo tanto a sus hijos,luego no saben enfrentarse a los peligros que se encuentran en su camino.
Es mejor enfrentarse de pequeños a los demás y saber que lugar vas a tener en la vida.
Perdonar hoy me he levantado filosófica un saludo.G.M.P.

Anónimo ,  28 de junio de 2012, 11:43  

Los que nacimos en los 70s también llegamos a disfrutar muchos de estos juegos. Recuerdo aquellos recreos en el patio del colegio jugando al "mundo" (repartirse un círculo tirando líneas por donde caía un clavo arrojado por el jugador), al "gua" o, en primavera (cuando la Vuelta a España se celebraba en abril) a las carreras de chapas. Luego, al salir, jugábamos a policías y ladrones en la calle, o nos íbamos a casa a jugar con aquellas primitivas consolas y ordenadores. Nosotros conocimos los juegos tradicionales y disfrutamos también de los videojuegos.

Y con lo que dice G.M.P. no puedo estar más de acuerdo. Nuestros padres aún nos dejaban estar por nuestra cuenta, siempre que llegáramos a cenar. Si alguien venía con una brecha, se le echaba la bronca y sanseacabó. Hoy en día a los niños no se les deja ir solos por la calle hasta que empiezan a ir de botellón... Y de esos polvos vienen luego estos lodos. Pero eso ya es otro asunto.

Antonio.

Carmen ,  28 de junio de 2012, 20:18  

Hola Pedro Gomez,
Ya he leido el articulo de los juegos que me anunciaste y me ha gustado mucho recordarlos aunque como decías tu anteriormente yo no había jugado con ellos. Con algunos sí. Había jugado a las chapas y también a otro que creo se llamaba "Al Rescate" ¿puede ser que hubiera existido o me lo acabo de inventar?
Un abrazo,

Juan Antonio Díaz ,  28 de junio de 2012, 20:18  

Precioso artículo, Pedro. Todos los que tenemos una "cierta" edad hemos participado de estos juegos. Indudablemente se puede recordar alguno más, pero como sé que después habrá segundas y hasta terceras partes, seguro que ahí se hará mención de esos que ahora no se citan.
Lo que sí quería, aún a costa de hacer "casi" otro artículo más (y pido disculpas por ello), es recordar un juego llamado "drea", que más que un juego era una guerra de guerrillas en toda regla. Lo quiero mencionar como (mal) ejemplo de las burradas que éramos capaces de cometer los chicos (excluyo a las chicas) en aquella época, pero también para decir que era lo que había y por suerte, aquí todavía estamos muchos en pie para contarlo. Cedo la escritura a Alfonso Sastre, que lo cuenta muy bien en su libro "Lumpen, marginación y jerigonza". Dice así: "Drea: no se trata necesariamente de un juego, sino muchas veces de una forma bélica de resolver los problemas entre grupos de diferentes calles. En mi infancia y mi calle, el problema se plantea entre la nuestra, que es la de Ríos Rosas y (los golfos de) la calle Bravo Murillo. Pero también la drea puede encerrar un carácter meramente lúdico con el ritual que se describe a continuación: Un emisario de la otra calle se presenta solo y sin armas en nuestro territorio (en el lugar que nos corresponde a nosotros) y nos comunica el mensaje de su grupo en forma interrogativa: '¿Queréis drea?'. En realidad se trata de una falsa pregunta: es una declaración de guerra... lúdica, pues en este caso no hay ningún contencioso pendiente entre ambas comunidades, a no ser la tensión estructural propia de la sociedad de clases. En nuestro caso, Bravo Murillo es -estoy empleando, como se ve, el artilugio del presente histórico (Aníbal cruza los Alpes)-- el lumpenproletariat infantil. Nosotros representamos las capas medias. (La calle de Santa Engracia es la de los señoritos como Rami con su pantaloncete blanco). La respuesta es, pues, estructuralmente, sí a la drea; y poco después comienza la (pe) drea entre los dos grupos, utilizando en la lucha las piedras más sólidas y apropiadas para producir el mayor descalabro del antagonista. Estas piedras son arrojadas por al menos, tres procedimientos: a mano, con tirador de gomas e incluso con armas más pesadas y contundentes como la homda. Hay que decir que los heridos en estas confrontaciones ven muy aumentada la estimación de que gozaban anteriormente en su comuna callejera".
En resumidas cuentas, estamos vivos de milagro, y quien diga que alguna vez no ha jugado a este peligroso juego, que tire la primera piedra. Nunca mejor dicho. Saludos matritenses.

Blanca G. ,  29 de junio de 2012, 0:15  

A Ricardo decirle que si querías qudarte fuera de ese juego,¿Que te suponía?.Nadie se quedaba fuera por no ser tachado de tal o pascual.¿Coociste muchos en tu infancia que decidieron no jugar por la agresividad del juego? Y si es así ¿Que hicisteis con ellos?.Piensaló.Luego me contestas.
A Carmen decirla que no se ha inventado el juego del Rescate. Era uno de los juegos que primaban en mi época las noches de verano y con todos los chicos/as de mi zona.Sí que nos daban las 2.00 de la madrugada.
Y, por último, reconocer que a los niños los tenemos más que protegidos. En nuestra época no eramos tan tontos. Ahora estamos haciendo de nuestros hijos, verdaderos tontos.
Yo, con seis años, bajaba a jugar a la calle. Hoy mi hijo con ocho, para nueve, Ni se me ocurre.

Ricardo Márquez 29 de junio de 2012, 7:40  

Hola Blanca. Pues si que conocí varios. Pero voy a decir el pecado, no el pecador, que de mi barrio nos conocemos todos. Había uno que no jugaba a estos juegos por usar gafas, había otro que nunca jugaba a juegos de chicos: fúbol, rugby, y deportes de fuerza,... pero por eso no eran discriminados, sencillamente no jugaban y punto a juegos de fuerza, después tan amigos.
Seguro que saldrán mucho más juegos y variantes, el rescate era de los más jugados, el latigo también, era más divertido, nosotros haciendolo ocupabamos casi toda la calle agarrandonos unos a otros las manos.
Respecto al burro, o churro media manga manga entera, como nosotros lo llamabamos, había otro juego muy parecido que para mi era más peligroso. Se trataba de Luz. Se ponián unos burros en un poste y se trazaba un semicírculo. Cuando se empezaba a jugar se decía luz abierta o luz cerrada, y el que la pochaba si era abierta podía salir fuera del semicirculo a tocar a los demás, si era cerrada no podía salir del semicirculo. Se salva quien se montaba a burro, y lo bueno, y peligro, es que se podía hacerse por el lateral. Con la rapidez había veces que nos montabamos por dos lados opuestos y ahi era cuando te dabas el golpetazo con el otro que montaba. En uno de esos golpes medio me rompí la ternilla de la nariz.
Un abrazo

Ricardo Márquez 29 de junio de 2012, 7:54  

Las dreas. Para Juan Antonio. Había otros juegos también peligrosos, como cuando nos daba por hacer arcos y lazas con cualquier cosa, hasta con tubos oxidados. Más de un disgusto tuvimos con ellos, pero eso lo trataré en otro comentario. Los de mi generación del Cerro se acordaran de un derivado de las dreas. Entre la casa de Marianin y la de Pedrito y Conchita había una pequeña loma de tierra, era muy fértil y todos los años crecía una hierva muy fuerte y verde de unos 20 centímetros. Era muy fácil arrancarla, y salía la raíz con un poco de tierra negra. Entonces hacíamos dos equipos, y nos repartíamos a un lado y otro de la loma, arrancábamos la hierba con la tierra incluida y la lanzábamos a los otros. El peso era lo justo para que llegará lejos y si dabas al contrario no le hacías nada pues era blandita. Lo malo que te ponías de tierra negra hasta las cejas, literal. Pero un día a alguno se le ocurrió poner piedras dentro de la tierra para llegar más lejos en su tiro. Os podéis imaginar lo que ocurrió, tres escalabrados en unos 10 segundos, entre ellos el que suscribe. Pero no pasaba nada, la bronca de nuestros padres y los otros padres que venían a ver que había pasado. Desde entonces no volvimos a jugar a ese juego,... bueno, o nuestros padres no se enteraron que lo hacíamos.
Saludos.

Carmen ,  29 de junio de 2012, 9:45  

Gracias Blanca por confirmarme que existía el Rescate. A veces la memoria me juega malas pasadas y me despista.
Y después de estas “bestialidades” que comentas Ricardo, aun pensáis que no tendríamos que sobreproteger a los niños de ahora? Acaso nos hacia mejores tener juegos tan salvajes? Que queréis que os diga… me quedo con los niños jugando a los juegos reunidos, al trivial, al ajedrez, al monopoly y para ejercicios físicos los clásicos deportes de todas las escuelas de ahora o de centros o clubs de barrios que los hay en todas partes.
Un saludo,

Anónimo ,  29 de junio de 2012, 19:31  

La olla.
Se jugaba en un patio. Se hacía un semicirculo delante de una pared, o en un ángulo, de unos dos metros y medio de radio, era la casa.
El que la "ligaba" salía de la casa con los dos brazos por delante y las manos entrelazadas.
El resto de los jugadores se acercaban a él, esquivandole cuando el que la ligaba se iba derecho a por alguno de ellos. Cuando tocaba a alguno con las manos enlazadas, el que la ligaba y el "tocado", corrian hacia la casa, mientras que el resto a palmetazos les quitaba el polvo de la espalda. Al llegar a la línea del semicirculo ya no se les podía tocar.
Volvían a salir los dos, esta vez cogidos de la mano y se buscaba dar con las manos libres a alguno del resto de jugadores, cuando se conseguía tocar a alguno, podías soltarte del compañero y correr hacia la casa, donde te volvían a a dar estopa.
Y así hasta que no quedaba ninguno por tocar.
El primero en ser tocado era el que la ligaba la vez siguiente.
Cuando la cadena era de cuatro, cinco, o más se trataba de romperla, dandoles en las manos con las que se cogían, e incluso colgandóse o sentandose sobre ellos.
En cuanto se rompía todos corrían hacia la casa, unos para sacudirles en la espalda y los otros para evitar los golpes.
Otras veces al tirar el de un extremo para un lado detrás de uno, y el del otro para el opuesto se rompía sola, y a los de los extremos
que estaban tan enfrascados en la persecución les llovían los golpes.

Lo de "La Luz" lo recuerdo como "La madre tonta", que tenía que estar al lado del que hacía de burro, dentro del círculo, vigilando que nadie pudiera montar al burro, o que los que estaban mal montados, no se cayeran o tocaran el suelo con el pie.
En ese caso la madre les podía tocar y la pochaban como nuevo burro, y el que hacía de burro pasaba a ser "la Madre".
Y así una y otra vez.
Cuando la madre daba la espalda a los que intentaban montar al burro y se dedicaba a vigilar a alguno que estuviera en situación a purada y a punto de caerse, no faltaba quien de los de fuera del circulo montara a la madre, y entonces le tocaba volver a hacer de burro.
Era la peor situación, y el que hacía de madre tenía que ponerse una mano apoyada en su espalda para evitar que la montaran, porque así se entendía que la madre había tocado antes al que intentaba subirse a su espalda.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 0:36  

Hola Miguel.

Cada uno tenemos una opinión, y todas son respetables.

Pedro.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 0:40  

Hola Gloria.

Completamente de acuerdo contigo, me identifico plenamente con tus ideas.

Saludos.

Pedro.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 0:45  

Hola Carmen.

Gracias, espero que los proximos sean tambien de tu agrado, referente al rescate, estuve por incluirlo, pero había que seleccionar, imposible reflejar todos.

Un saludo.

Pedro.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 0:55  

Hola Juán Antonio.

Precisamente las "dreas", entre el Cerro y el Ventorro, marcaron epoca, fuí participe en numerosas ocasiones de esas batallas, el campo de batalla era el descampado del tio Marianillo, unas veces nos tocaba huir hacía arriba, otras veces avanzabamos hacía abajo, en contra de la opinión de Ricardo, en estos casos sí que llegaba la sangre, no al río, pero sí al arroyo de las Cañas.

Un saludo.

Pedro.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 1:02  

Hola Blanca.

Tengo que decirte lo mismo que le he dicho a Gloria, referente a los niños de antes, y los de ahora, completamente de acuerdo con tu opinión, es decir, me identifico con vuestras opiniones al respecto.

Un saludo.

Pedro.

Juan Antonio Díaz ,  30 de junio de 2012, 10:49  

Eres "un máquina", Pedro. En quince minutos has dado respuesta a todos. Conciso, elegante, respetuoso... apúntate un diez. Referente a si éramos burros o no, quiero decir que efectivamente lo éramos, pero visto desde el prisma en que lo vemos hoy. Cada época es diferente. En la nuestra (hablo por mí y por muchos de los que aquí escriben, pues más o menos tenemos una edad parecida), no había más remedio que aguzar el ingenio y recurrir a lo que había. ¿Y qué es lo que había? Mucho campo, mucho espacio libre, muchas horas muertas y mucho donde jugar. Hoy es completamente diferente. Ya no hay ni un metro cuadrado donde los chavales puedan juntarse, con lo cual los juegos se desarrollan en las casas, y aquí lógicamente los juegos son otros muy diferentes.
Ahora bien, yo no cambiaría mi niñez, mis amigos, mi tiempo, mi aprendizaje en la calle, mis juegos brutales, por los de la época actual. Decir que aquellos juegos han traído los actuales problemas de columna de muchas personas de nuestra edad, es como decir que aquella mala alimentación que tuvimos (¿o no?) nos han traído nuestros actuales problemas de estómago. No digo que no puedan haber influido, pero también pregunto, ¿y qué? La vida es como es, como te toca vivirla y hay que apechugar con ella. No la elegimos.
Para terminar, voy a contar una pequeña historia que se narra en "La librería de Arana", un delicioso libro de un escritor llamado Otaola, en el que hace referencia a un joven poeta. Lo reproduzco literalmente:
"¡Y qué serio es en todas sus cosas Luis Rius! Cuando se ríe apenas sonríe. Una chispita de nada. ¡Qué raro! Yo no conozco una carcajada en Luis Rius. Si acaso le ha explotado alguna se ha debido perder en el alto cuerpo de este rubio ángel poético que tiene la cabeza en las nubes y los pies en la tierra.
Si me obligasen a señalar un defecto en Luis Rius diría que la seriedad. Creo que le ha faltado trompo, canicas y hasta una pedrada en la frente. Le ha faltado el sofocón del granujilla que acaba de romper el cristal de un farol y corre perseguido por el guardia. Sí, le ha faltado juego, picardía y tierra libre para correr...".
Me quedo con eso de que "le faltó trompo, canicas y una pedrada en la frente". Nosotros tuvimos todo eso, incluso pedradas en la frente. Y aquí estamos.
Un cordial saludo para tod@s.

Jose Manuel 30 de junio de 2012, 11:24  

Hola Pedro:
Creo que el éxito del tema, bien merece que se continúe mas adelante, sin prisas, con todos aquellos que se han citado en comentarios.
Yo personalmente disfrutaba mas de espectador que como jugador en "Luz" sobre cuando los burros se rilaban y estaba esperando el que ligaba a que alguno de los que estuvieran montados terminaran tocando el suelo.
Respecto a las "dreas" recuerdo una que se concertó entre los del Alto del Arenal y los de Pueblo de Vallecas, siendo la vía del ferrocarril el lugar de encuentro. Los del Alto del Arenal consiguieron avanzar y cruzar algunos la vía pero a esto que llega un tren y parte por la mitad la avanzadilla de los del Alto del Arenal, lo cual hizo que quedaran acorralados.
Un saludo.
José Manuel

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 13:32  

Hola Juán Antonio.

Que buena persona eres, te agradezco los alagos, creo que soy una máquina pero sin carburante.

Oye te digo lo mismo que a Gloria y Blanca, comparto esas ideas de nuestra forma de ser en nuestra niñez, ya lo dije en una ocasión, yo personalmente no cambio esta generación por la nuestra, a pesar de los golpes.

Que sigas tan cumplidor, un abrazo.

Pedro.

Pedro Gómez ,  30 de junio de 2012, 13:43  

Que hay José Manuel.

Estoy de acuerdo, como no podía ser de otra manera, yo he dado el primer paso, ahora que los demas continuen con el trabajo, solamente se necesita memoria y ganas.

Respecto a las "dreas", la verdad es que algunas, pasaban de juego, a verdaderas batallas campales, pero estabamos hechos de otra pasta, lo mismo los chicos como las chicas.

Un abrazo.

Pedro.

Carmen ,  30 de junio de 2012, 16:55  

Sigo pensando que los juegos violentos en los que se descargaba la agresividad que todo ser humano lleva dentro de sí, en lugar de encauzarla de otro modo (no soy experta en la materia) no podía conducir a nada bueno de no haber evolucionado la sociedad y sus nuevos juegos infantiles, (estos que parece que no gustan a nadie) . ¿No hay en Madrid “pandillas latinas” o “maras”? ¿Qué diferencia le veis en relación con esos juegos que teníamos en nuestra niñez? Lo mismo, pero corregido y aumentado. Las consecuencias son conocidas de todos.
http://www.lavanguardia.com/sucesos/20120319/54270672998/bandas-latinas-ninos-eso-catalunya.html

Un saludo afectuoso,

Carmen ,  30 de junio de 2012, 17:14  

Y me suena que en mi barrio de la Ciudad Lineal decían churro, manga, media manga, y mangotero. Claro que quizá posteriormente evolucionó. Yo hablo de los años 50.

Juan Antonio Díaz ,  30 de junio de 2012, 22:25  

Con todos los respetos, Carmen, creo que estás sacando de contexto el verdadero contenido de este artículo. Aquí sólo se trata de reflejar y recordar distintos juegos de la época que nos tocó vivir como niños. Lo hemos dicho por activa y por pasiva: había juegos muy peligrosos, muy violentos, pero, al menos en mi caso, no recuerdo heridos graves y mucho menos muertos por practicar esas "burradas". No compares, por favor, aquello, con las bandas a que haces alusión. Insultas gravemente a toda una generación. Nosotros también hemos jugado a los Juegos Reunidos (Geyper), al Trivial, al ajedrez, al Monopoly (llamado anteriormente Palé), hemos hecho deporte... y hemos jugado a todo lo que el ingenio y las posibilidades de cada cual le permitía. Yo me he criado en la calle y en la calle no había más que tierra y más tierra. ¿Qué querias que hiciésemos con eso? Estás queriendo hacer una comparación entre los niños de antes y los de ahora y esto es una entelequia. No es posible hacerlo. Por otra parte, los niños de hoy en día, no creo que jueguen mucho a los Juegos Reunidos (Geyper), al Trivial, al ajedrez o al Monopoly (anteriormente llamado Palé), ni siquiera creo que hagan mucho deporte. Simplemente, no juegan a nada, y así, obviamente es muy difícil que se fracturen un brazo, se rompan una pierna, les sangre la nariz o se descalabren la cabeza. Para concluir, y decirlo de un modo gráfico: nosotros tuvimos una infancia condicionada y a los niños de hoy se les condiciona toda su infancia. Saludos cordiales.

Ernesto Fernandez (Alemania) ,  30 de junio de 2012, 23:04  

En este artículo de los juegos de los chicos, ¿no queda siquiera un rincón donde aparezcan los juegos de las hembras? Yo voy a romper ahora una lanza por aquellas niñas de los años cuarenta.
Sus vestidos eran muy sencillos, siempre el mismo, hasta que las madres agotaban la posibilidad de alargarlo sacando el dobladillo. Como todo aderezo no llevaban más que un lazo coquetón adornando su cabellera. Y así salían cada día a jugar en cualquier polvorienta calle, sin autos ni padres vigilantes. Allí formaban grupos que en gracioso caminar avanzaban hacia la fila opuesta, cogidas del brazo y cantando la cantinela infantil "¿dónde están las llaves...?"
Porque eso era lo bonito de aquellos juegos que nosotros contemplábamos aparentando aburrimiento: Las canciones con que jugaban. Canciones que casi siempre tenían un origen de viejo romance, por ejemplo, del siglo XIX: "¿Dónde vas Alfonso XII, dónde vas triste de ti...?; o de los tiempos de las guerras napoleónicas: "Mambrú se fue a la guerra..."; o incluso de la Edad Media, como ese bello romance: "Caminaba el Conde Olinos, mañanita de San Juan..." Canciones que cantaban jugando al corro o a la comba: "Al pasar la barca me dijo el barquero...", con una ligera alusión que nosotros no captábamos, pues a esa edad ellas iban por delante.
Y si se cansaban de jugar o sólo eran dos o tres puede que se sentaran en el dintel del tabuco de un zapatero remendón a jugar a los alfileres, todos con una cabecita de cristal de color, prendidos en un pequeño cojín que no recuerdo cómo se llamaba.
Pero algo parecido a esto que he escrito, pero mucho más extenso y más atinado, podría contarnos cualquier fémina de este simpático círculo, que no haya olvidado del todo que también ella fue una niña, aunque fuera hace tanto, tanto tiempo.
Al final quiero poner una nota viril en mi relato, no se me fuera a imputar erróneamente de eso tan de moda.
Durante años he jugado a todos esos juegos de los chicos y algunos más que ahí no se citan. Y si bien algunos los jugábamos a lo bestia, la sangre no llegaba nunca al río, ni se producían lesiones permanentes ni males parecidos. Y es que a pesar de su brutalidad y su crueldad los niños tienen en su interior algo que les sirve de alerta y de freno, que regula sus acciones, evitando mayores males. Además, si alguno se "pasaba", él mismo sabía que también a él le iba a tocar alguna vez hacer de "burro", y entonces venía la venganza del que hubiera recibido una coz demasiado fuerte, pero no en los costales, sino en el culo.
Saludos

Pedro Gómez ,  1 de julio de 2012, 0:09  

Que hay, Ernesto Fernandez.

No hay que ponerse nervioso, hay que darle tiempo al tiempo, y antes de hacer una critica, leerse bien el articulo del principio al final, si no recuerdo mal, anunciamos antes del primer juego lo siguiente.

Mas adelante DEDICAREMOS otro artículo a los juegos en los que predominaba el SEXO FEMENINO.

Y al final del artículo dice : Hemos llenado con estos 5 juegos el espacio de este artículo, CONTINUAREMOS en una proxima entrega.

El cojín al que haces alusión al referirte al juego de los alfileres, cuando se publique ese artículo dedicado a las chicas, te lo diré.

En fin, ten paciencia que seguro que veras cumplidos tus deseos.

Saludos.

Pedro.

Ernesto Fernández (Alemania) ,  1 de julio de 2012, 1:06  

Oye Pedro, me has pillado en "orsa", como decíamos antes que nadie sabía inglés. Hoy que son tan listos dicen "off-side", que quiere decir lo mismo, pero es más fino y más pijo también. El párrafo a que te refieres lo debí considerar de poca importancia, por lo que lo pasé por alto. De todos modos insisto en que el artículo sería más acertado que lo escribiera una chica y no un chico, independientemente de la edad.
Saludos.

carmen ,  1 de julio de 2012, 2:07  

Juan Antonio,
Quizá sí que he sacado de contexto el verdadero contenido de este artículo. Pido disculpas.
Un saludo,

Anónimo ,  1 de julio de 2012, 9:01  

El "cojín"para los alfileres se llamaba álfilitero,las niñas también jugábamos a todo,por lo menos en mi barrio Quinta de la Paloma.
Os podría decir que hasta los 12 años eramos iguales,jugábamos al fútbol con los chicos,siempre se hacían los equipos mixtos,solo tenías que demostrar que al primer empujón no te rendías.
También ellos jugaban a la comba con nosotras,igual que ellos nos enseñaban a los juegos "burros",nosotras les enseñábamos los juegos de invierno,aquellos a los que no se podía jugar en la calle,más tránquilitos.
Creo que las lesiones que algunos podamos tener se deben a multitud de factores,como bien a indicado José Antonio,la alimentación en muchos casos no era la correcta,pero también empezamos a trabajar muy jovénes,con 14 años el cuerpo aún no está hecho y la mayoria lo hicimos en trabajos pesados,con maquinaria y pesos excesibos para nuestra edad,pero aquí estamos podemos presumir de haber levantado nuestras casas,las de nuestros padres,que pobrcitos pasaron una guerra que en el mejor de los casos sí conservaron la vida suerte tuvieron.Y ahora nos toca "ayudar" a nuestros hijos y nietos,dicen que por la crisis,sí hubieran pasado por nuestras circunstancias otro gallo les cantaría.
Un saludo de G.M.P.

Anónimo ,  1 de julio de 2012, 12:07  

El alfilitero,también se llamó acerico,los hacián de tela y se rellenaban de lana,algodón,trapos e incluso de serrín.
Un saludo de G.M.P.

Juan Antonio Díaz ,  1 de julio de 2012, 12:34  

Aunque no es estrictamente necesario, acepto encantado tus disculpas, Carmen. Faltaría más. Aquí todos somos iguales. Ese es el espíritu de "Historias matritenses" (aunque no me corresponde a mí decirlo): contarnos nuestras "batallitas" para entretener y entretenernos. Unos las cuentan de una manera, otros de otra, más divertidas unos, más "seriotas" otros, más veraces, menos creíbles... pero hay una cosa que a todos nos une: el amor a Madrid. Y Madrid se merece el máximo rigor y el mayor de los respetos.
Sería un placer para mí seguir leyéndote. De verdad te lo digo.
Un cordial saludo.

Carmen ,  1 de julio de 2012, 12:57  

Gracias, Juan Antonio Diaz.

iris 1 de julio de 2012, 15:45  

Interesante artículo, Pedro. Si, el juego del burro puede ser peligroso, involuntaria o voluntariamente. Como dices, "si uno te cae mal", podías aprovecharte para hacer daño. Sin embargo, de niña, he participado a este juego sin ningún problema y me gustaba mucho. En Francia lo llamamos "saute-mouton" (salta oveja).

A ver si ayudas a Ricardo a reunir información sobre un juego medieval (parece que era de adultos muy popular en las corralas): El tribulete. La placa de cerámica de la calle Tribulete lo representa, pero el Ayuntamiento nunca me respondió para saber de donde tenían los datos para hacer la placa, sólo tramitaron mi petición. Ninguno de los cronistas de la Villa sabe nada tampoco. Con Ricardo y otros amigos desde hace años, queremos saber algo preciso sobre este juego.

Saludos
Anne

iris 1 de julio de 2012, 15:54  

Perdón, lo que llamabamos "saute-mouton" era el de la pidola, el otro no me acuerdo. Jugábamos a los dos. Lo que nos parecía anticuado (y soy mayor) era el aro: para nosotras era un juego de niñas de la épca de las abuelas.

Anne

Anónimo ,  1 de julio de 2012, 20:25  

-El corta-hilos.
Es un juego que el que la ligaba, tenía que perseguir a otro y tocarle. Si lo conseguía el "tocado" pasaba a ligarla y a perseguir a los otros.
Lo divertido era que entre el perseguido y el perseguidor podía cruzarse otro intencionadamente y entonces el perseguidor tenía que correr detras de este último.
En ocasiones el perseguido podía buscar a algúno que estuviera despistado y dejarlo entre perseguido y perseguidor. Con lo cual cuando se daba cuenta es porque el perseguidor le tocaba y pasaba a ligarla.
-El latigo, (ya comentado, lo amplío)
Recuerdo que el que iba el último o de "vagón de cola", se las veía canutas para no estrellarse, cuando el primero (seguido por los próximos siguientes) hacía un giro brusco, el giro que se veía obligado a recorrer era enorme.
-El caracol.
Jugaban más las chicas, pero también se jugaba chicas y chicos juntos.
Se pintaba con una tiza en un circulo, más o menos de cuarenta centímetros de diámetro. De uno de sus puntos se iniciaba una línea en forma de helicoidal, separando las líneas espirales otros 40 centímetros entre ellas.
Estas porciones se dividían cada cuarenta centímetros, poco más o menos, como si fuera el tablero del juego de la oca, pero circular.
Cuando estaba acabado de pintar el caracol, que podía tener entre 15 y 20 casillas, se empezaba a recorrer a pata coja, saltando de casilla en casilla, hasta llegar al final, el círculo redondo, en el que se podían poner los dos pies y descansar unos segundos.
Si se lograba hacer el recorrido, se ponía la tiza sobre la cabeza, y se colocaba de espaldas al caracol, junto a la línea exterior, y se movía la cabeza hasta que cayera la tiza sobre el caracol.
La casilla en la que había caído se marcaba con las iniciales de la jugadora que había completado el recorrido, e iniciaba el recorrido a pata coja la siguiente jugadora.
Al llegar a la casilla marcada con las iniciales, de la anterior jugadora, tenía que saltar por encima de esa casilla a pata coja, y continuar hasta el círculo. Y luego vuelta para atrás. Si completaba el recorrido volvía a elegirse una casilla, con la tiza en la cabeza, y a marcarla.
Cada vez requería más destreza a consecuencia de que cada vez había más casillas marcadas.
La jugadora que tenía casillas marcadas si podía pisar a pata coja "sus" casillas. Por supuesto si se caía o pisaba las líneas, perdía turno, y empezaba la siguiente.
Ganaba la que más casillas tenía marcadas.

Ricardo Márquez 1 de julio de 2012, 23:30  

Fútbol, fútbol, fútbol,.... un breve recuerdo para entender lo que ha sido y es el balonpíe en nuestros barrios.

Estaba el gol regañado, se jugaba cuando eramos pocos y no había suficiente para hacer dos equipos y se jugaba en una sola porteria. Se hacían dos equipos, o todos contra todos (en tal caso el que marcaba se ponia de portero), incluso llegabamos a jugar solo tres, el portero y dos con el gol regañado.

Después estaba el gol centrado, desde un lateral uno metía pases, y el resto a rematar de cabeza o de píe, incluso chilenas. El portero intentaba siempre lucirse haciendo palomitas. La portería no existia, eran pidras y con suerte utilizabamos un poste de la luz, o bien contra una pared en la que era más fácil tener un larguero imaginario.

Un saludo a tod@s.

Juan Antonio Díaz ,  2 de julio de 2012, 12:02  

En el juego del rescate --palabra de moda actualmente, aunque por otros motivos--, era habitual que los chicos corriéramos tras las chicas. Primero, porque corrían menos que nosotros. Y segundo, como demostración más o menos velada, de la atracción que alguna de ellas nos pudiese provocar. Uno siempre corría tras la chica que le gustaba, porque capturarla, agarrarla de la mano y decirle "pan y tomate para que no te escapes, pan y tocino para que te vengas conmigo", no tenía precio. Colorado como un tomate, pero satisfecho por la hazaña conseguida, llegabas con tu presa al punto de partida y parecías decir: ¡ahí queda eso!
También quiero recordar otro juego de niñas aunque los niños también podíamos jugar. ERa algo así como hacer unos montones de arena y enterrar en ellos una especie de alfileres con puntas en forma de bolitas de colores. Creo recordar que los llamábamos "bonis". Pues bien, el busilis consistía en tratar de desenterrarlos arrojando al montón de arena una piedra. Los "bonis" enterrados aparecían tras el impacto de la piedra. Ganaba quien más "bonis" conseguía desenterrar.
Juegos ingenuos, pero juegos que nos entretenían y nos hacían pensar que ese era el mejor de los mundos posibles.
Un saludo.

Blanca G. ,  3 de julio de 2012, 0:26  

El mejor juego de mi infancia.El Escondite.Jugábamos por lo menos 20 niños/as,para no ser clasista.Sorteábamos quien la ligaba y al que le tocaba hacerlo,la pringó.Toda la noche escondidos.Uno de ellos que hace muchos años no está con nosotros, reventaba la farola de nuestra calle a patadas hasta que se fundía la luz.Entonces el terreno era nuesto. Los jardines, entre los coches, los descampados.Y todo esto te llevaba a esconderte con los amigos más especiales o con el chico/a que te gustaba Te suntías en un mundo especial en la medio oscuridad mientras otros fumaban entre cinco o seis un cigarrillo que le habían robado al abuelo.Y el pobre que la ligaba ya se podía ir a casa esa noche a dormir.
Sinceramente no sé si tiempos mejores o peores.Lo cierto es que sí MÄGICOS.

Ernesto Fernández (Alemania) ,  3 de julio de 2012, 0:44  

Hola, María Luisa,
Gracias por recordarme el nombre de "acerico", de pura cepa latina. Además, en todo caso sería como bien dices una almohadilla y no un cojín como escribía yo. Te felicito.

De las niñas que hablaba yo no se podía esperar que jugaran a la pelota como tú, entre otras cosas porque en los años cuarenta sólo algún que otro privilegiado estaba en situación de juntarse con los amigos -que ya le esperaban impacientes- con una pelota de goma en la mano, ya que, como decían las madres, eso era gollería de niño rico.

Salúdote, M.P., y sigue escribiendo

Anónimo ,  3 de julio de 2012, 9:13  

Ernesto,soy Gloria,pero no importa.En tus tiempos que también fueron los míos,no había muchos juguetes pero con mucha intuición jugábamos a cualquier cosa,hasta con un trozo de hilo que "robábamos" a nuestras madre hacíamos con los dedos un entrecruzado de hilo,el mejor,sin que se enredara era el que ganaba.
Las pelotas eran malas,ya que había que inflarlas cada dos por tres con alguna bomba de bicicleta,en mi barrio teníamos la suerte de tener mucho campo,pocos prejuicios de esos "chico-chica"y muchas ganas de divertirnos.
Hacíamos carreras de resistencia,eso lo digo ahora,entonces no sabíamos qué era eso.También jugabamos a"lo que hace la madre hacen los hijos",si te tocaba una "madre",casi siempre un chico que te lo ponía difícil podías prepararte,a eso jugábamos en los terraplenes que quedaron dónde estaban las cuevas,hoy el campo de fútbol de García de la Mata y la piscina.
Si no hacías el capón era irremediable,un dí el que hacia de "madre"se tiró a un montón de tierra desde una altura de cuatro metros,empezó a quejarse de un tobillo,yo que iba detrás de él creí que lo hacía para que yo no saltara,me advirtió de que no lo hiciera,pero no le creí y salté,entonces no fué uno sino dos los que nos quejábamos,ya no saltó nadie,la tierra se había endurecido y nosotros lo ignorábamos,tuvimos dolor en los tobillos una semana,pero cualquiera se lo decía a nuestras madres.
Sin nada también se puede jugar,un saludo de G.M.P.

Maria Luisa Pino ,  3 de julio de 2012, 17:25  

Me habeís pisado lo del acerico. Mi hermana guarda uno en su vitrina de recuerdos y que era de una tía nuestra. En aquella epoca era un bien muy preciado tener uno, cuanto mas gordo mejor, yo recuerdo el mío hecho con papel cuadriculado (supongo que de los cuadernos del cole).Nos molaba montón jugar a cruzar los alfileres, de estos, los mas preciados eran los de cabeza grandota, matabamos por conseguirlos. Nosotras jugabamos dentro de casa, nunca en la calle ¡Y nos hemos debido perder mucho! Ernesto, nuestra compañera de juegos era y sigue siendo, solo que ahora jugamos al Rummi Kub, esa niña que recuerdas, Paloma, la de la capa azul...
Un abrazo
Marisa

el osorio 3 de julio de 2012, 21:45  

Hay que divulgarlos para recuperar los juegos de habilidad y equipo, no solo de nintendos viven los niños. Buen post!

Pedro Gómez ,  4 de julio de 2012, 14:47  

Hola Anne.

Gracias por dedicar unas lineas a este artículo, me alegro que te haya parecido interesante.

Sobre el tema del juego del tribulete, o la placa de la calle, siento no poder ampliar mas vuestro conocimiento del tema, es más, me he ilustrado un poco mas con la información que trasmitís, tanto tú, como Ricardo, a traves de internet.

Un abrazo, Anne.

Pedro.

Pedro Gómez ,  4 de julio de 2012, 14:55  

Hola el Osorio.

Ese es mi deseo, que se vuelvan a recordar estos juegos que han quedado un poco en el olvido.

Gracias por tu reconocimiento, un saludo.

Pedro.

Blanca G. ,  5 de julio de 2012, 0:22  

Hola a todos.Creo que en este árticulo no puedo entrar. Lo he intentado,Pero os remitís a épocas mucho anteriores que yo. Buena suerte y si algún día le toca a mi edad comentaré.
n saludo.

Anónimo ,  5 de julio de 2012, 8:08  

Sentimos ser tan viejos,pero creo que la participación de todos es lo que enriquece este blog,atrévete y cuéntanos cuales han sido tus juegos favoritos,también tú puedes aportar y mucho.
Ya lo has demostrado,un saludo de G.M.P.

Blanca G. ,  6 de julio de 2012, 11:02  

Gracias G.M.P.
No tienes que sentir lo de la edad.Para mí es una virtud.
Aportaré los juegos a los que jugaba con mis amigos,los exclusivos de chicas los dejaré para otro artículo.
La verdad es que hemos jugado a todo.A las canicas.La lima.El Rescate.El balón prisionero.A las palabras encadenadas.A pies quietos.Al escondite.Al látigo.A frio-caliente.Al bote-bote.Abuelita¿Qué hora es?.Al pilla-pilla.A las carreras con chapas.Al beisbol.Alas prendas.A las tinieblas.A la gallinita ciega. A las esquinas.A el pañuelo. A la zapatilla por detrás.Hacíamos cabañas en época de poda.Montamos un verano hasta unas olimpiadas entre nosotros.
Y alguno más, que seguro me dejo en el tintero.

Anónimo ,  24 de julio de 2012, 17:27  

Yo también recuerdo aquellos juegos y el "Dola" (Pídola para los fisnos)solía jugarse entre amiguetes por lo que la situación de que jugara alguien que te cayera mal era extraordinaria y solía darse solo cuando pedía jugar alguien ajeno el grupo, si además no te caía bien ya estaba liada; pero lo normal no era eso y las dificultades del juego aumentaban tanto por la distancia a la que se ponía el burro como por el número de "tabacas" o "liques" que había que dar al baurro, lo que suponía permanecer en equilibrio sobre el burro con las manos mientras se daban con el pié el número de unos 7/o otros quehabía mandado la madre (ej.: una tabaca y dos liques), existía también otro movimiento , el "espolique" que se realizaba sin saltar por encima del burro, sino lateralmente apoyando una sola mano y dando con los dos pies alternativamente.

Existían además innumerables juegos, muchos dependiendo de la época del año, bien por las condiciones climatológicas o por otras vicisitudes. Estaban el "clavo" para lo que se necesitaba una zona con tierra para pode rclavarlo, el peón, los cromos, el tacón, las majuelas, los huesos de albaricoque, los palos helado, el güa (canicas para los finolis), muchos de ellos servían además como medio de apuesta cuyo bien a apostar generalmente era cromos (así en el tacón, los palos de helado, el peón generalmente se jugaba de cromos), uno de los juegos de apuestas era la pared, que consistía en apoyando un cromo en una pared dejarlo en caida libre alternandose los jugadores, iba ganado aquel cuyo cromo caía sobre alguno de los que ya estaban en el suelo, había la modalidad de que cayeran de cara o de culo, etc.. En el güa generalmente se jugaba de bolas entregando al ganador una bola de las caracteristicas previamente acordadas, las había de barro, las peores y más baratas y las de piedra que si conseguias una muy redondita y la frotabas rodándola sobre granito adquiría una textura y colorido que eran la envidia además de permitir mejor agarre., también algunos con familiares mecánicos aparecían con bolas de acero que no eran las más manejables, también algunos llevaban unas de vidrio que fomentaba el ánimo de los demás en, además de ganarle, rompresela (durante el juego, claro). Y algunos otros que ahora no recuerdo.

Anónimo ,  30 de julio de 2012, 11:24  

Juegos como "las Majuelas" en su época, los huesos de cerezas que servían de munición para las pistolas que se hacían con pinzas de la ropa, la flecha (equivalente a los dardos) que se hacía con una aguja de coser, gorda, sujeta entre dos palillos y atada con hilo, en el lado contrario las "alas" se hacían de papel, los tirachinas de flechas de papel, las cerbatanas de flechas de papel capaces de clavarse en la ropa,los huesos de albaricoque y en las sesiones de caza estaba la primera parte, la caza de moscas, para cuyo efecto se habulitaban unas jaulas que se hacían con dos 'rodajas de un tapón de corcho sujetándose ambas con alfileres que hacían las veces de barrotes, para meter o sacar una mosca solo había que desclavar un alfiler y separarlo ligeramente, esas piezas servían de reclamo para la caza de la araña que se efectuaba atando una mosca con un hilo y poniendola sobre un tela de arañña, al mover el hilo se movía la mosca y la tela, por lo que la araña salía a ver que pasaba y cogía a la mosca, entonces tirabas y a la jaula, para estas no servía la anterior porque se metían entre los barrotes, utilizabamos frasquistos de cristal con pequeños agujeros en la tapa.

Pedro Gómez ,  1 de agosto de 2012, 20:01  

Respuesta para el anonimo del 30 de Julio.

No hay que confundir, juegos que habitualmente son conocidos en la mayoría de España, aunque el nombre difiera dependiendo del lugar, a esto que mencionas tu, esto se puede catalogar como trastadas que practicabamos, o simplemente entretenimientos de chiquillos, pero en ningun caso juegos, pues en algo teniamos que matar el tiempo, que teniamos mucho.

Saludos.

Pedro.

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